viernes, 12 de agosto de 2016

Máxima Violentacón

La bondad es el principio del tacto, y el respeto por los otros es la primera condición para saber vivir. Henry F. Amiel

Llamada comúnmente violación, es el desprecio definitivo, la forma más brutal y salvaje de egoísmo, uno tal que no conoce límites para autosatisfacerse. Ignora la elemental frontera de sus derechos que acaban donde empiezan los derechos de los demás porque los demás no le importan tanto (nada) como sí mismo. Es increíble la falta de humanidad necesaria para cometer un acto semejante. La carencia de conciencia patente para marcar de esa manera a alguien, porque es una de esas cosas que suceden en la vida de una persona que no olvida pasen los años que pasen, no por el acto en sí, que también, sino por la impotencia que hace sentir y después la frustración que deja, las dudas (¿Por qué me pasa esto? ¿Habrá sido mi culpa? ¿Que hice mal?), el miedo...
No entiendo que pasa por la cabeza de un hombre (dicen que también hay mujeres y, aunque se me hace difícil, igual que los griegos tenían un templo al dios desconocido, yo no le voy a faltar al respeto a la víctima, para mi, desconocida por serlo. Por eso escribo está breve línea, porque aunque me refiero a hombres, vale para cualquiera capaz de esta aberración) para humillar a alguien de modo tan vil. Y ya no hablo de la enésima potencia de este suceso, la violación colectiva. En un arranque de mezquindad puedo entender que el enfermizo cerebro reptiliano de alguien vea a una chica y piense en forzarla. El súperego alcanza a controlar en tanto la ética es capaz de juzgar y, siguiendo el razonamiento antes mentado, su egoísmo ciega el correcto funcionamiento del súperego, pero ¿¡¿El de varias personas a la vez?!? ¿cómo puede nadie ponerse a violar a alguien y que ninguno, ¡ninguno!, de sus amigos lo detenga al grito de '¿has perdido el juicio?' o algo peor?
Por lo visto en la última agresión en Pamplona, no.
Cinco hombres, entre los que se encuentra un Guardia Civil, ¡Un policía! quienes juraron proteger y servir, defendernos precisamente de quienes comenten estas tropelías, violan a una chica de 18 años entre vítores y jaleos ¡Hasta, el acabose ya, pidiendo turno! Como si fuera la cola del mercado... Me imagino la situación y no comprendo su desarrollo, cuál historia disparatada, pero carente de todo humor.
Un grupo de amigos va caminando por un lugar, el que sea, pero al caso una celebración multitudinaria, se encuentran, vislumbran, entre la gente una muchacha (pequeña, mayor; joven, no joven; guapa, fea; arreglada, sin arreglar;... me da igual, aunque parece que cuanto más joven, como en una última pirueta del ventajismo, cuanto menos experiencia para ponerse a cubierto mejor, no vaya a ser que devuelva el golpe, claro que no se puede esperar otra cosa de un cobarde, en grupo o en solitario, esta es su regla básica, aprovecharse del débil), una chica que espera confiada, como tiene, o tendría que ser, a un amigo, familiar, novio... es atacada. Uno de los integrantes de esa manada de bestias carentes de ética la ha visto y pensado "la violaba" y no se sabe cómo ha sido capaz de verbalizarlo en lugar de encerrarlo en el cajón de lo obscuro, bajo el manto de la vergüenza. No sólo eso, sus compinches, lejos de horrorizarse, asienten y apoyan esta locura, locura de las malas, de las que si se consuma no aportan nada luminoso ni positivo, sólo la satisfacción de estos monstruos. Y cometida la villanía, ese atropello descarnado a la dignidad de una persona, se van dejando el cadáver de la felicidad de esa chica cuyo único error fue cruzarse con quién no debía. La lotería de lo macabro que jugó sin saber bien cuando compró el boleto, el boleto "ganador", malditas sean algunas victorias y suertes.
Al final, si consigue sacar fuerza de flaqueza los denunciará y puede (recalco, puede, más por trabajar donde trabajan algunos de estos individuos y han aprendido todas las artimañas) que sean condenados a la mitad o menos de años que ella irá a un psicólogo que costará mucho más que la indemnización que deban pagar. Pero no voy a cargar contra el sistema legislativo que grava de modo más contundente la corrupción aún cuando está no entraña la misma violencia y trastornos psicológicos. En España impera el buenísmo y no se aceptan realidades crueles o desagradables, no es políticamente correcto decir (y a este paso ni pensar) que hay personas que NO son buenas, que son malas, m-a-l-a-s, malas. Es tan absurdo tomar el todo por la parte y creer que por haber malas personas, la humanidad es mala como no aceptar que hay manzanas podridas y, o se identifican y sacan del cesto, o al final si que acabará usandose la negación que antes era por ceguera como necesidad pues entonces ya será tarde y admitir uno equivaldrá a admitir todas.
A ver entiendo al sistema, igual que hay que admitir que hay malas personas también hay que distinguir quién ha hecho algo puntual y deleznable y quién es sistemático, entiendo que se quiera pensar que hay solución para los primeros, que no son malos "per-se", mas no entiendo que el sistema no esté estructurado para aceptar a los segundos si es un hecho su existencia.
Sea como fuere, lo que sí que no logro entender bajo ninguna circunstancia es ¿Por qué parece que, al funcionar con ese maldito buenísmo, la víctima es, como mínimo en parte, culpable? como si hubiese provocado la situación. Eso si que es deprimente, cambiar los roles y victimizar a los culpables y viceversa en un juego de los sinsentidos siniestro que no sé de dónde sale ni cuando, pero con el que, no obstante, si sé que hay que acabar cuanto antes. Me da igual si esto queda bien, mal o regular, pero cuando oigo hablar de violación no puedo evitar que me hierva la sangre, tanta evolución para que se trate a la gente como cuando la tecnología punta era el sílex.
Que quede claro hay seres malvados, existen, sin embargo, no todos somos así y si tú, amada lectora, has sido víctima de esta crueldad, no pierdas la fe en tus congéneres ni la esperanza en la comprensión de tu dolor. Tienes el apoyo de todos los que no somos como esos energúmenos (o energúmenas), sólo sentimos no haber estado allí para evitarlo mas si que estaremos para ayudarte a superarlo, estés donde estés, seas quién seas, no estás sola.
Estamos contigo.

Vivimos en una sociedad donde se le enseña a la mujer a tener cuidado de no ser violada en vez de enseñarle al hombre a no violar.

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