miércoles, 12 de abril de 2017

Impasse imprevisto



Hay un tiempo para dejar que las cosas sucedan...

Hola, querido lector.
Tal vez te sorprenda volver a ver algo nuevo por aquí, quizá ya dabas este bosque por muerto, abandonado como las hojas por los árboles al caer en otoño... y lo cierto es que nada más lejos de la realidad. Sencillamente, las vacaciones de Navidad y luego unos motivos personales de diversa índole me han mantenido alejado de nuestro apartado rincón. Mas no podían hacerlo eternamente y es hora de decir: He vuelto, como el Terminator.
No obstante, espero volver a la normalidad (si es que tal cosa existe) desde esta misma semana y empezar a publicar con regularidad nuevamente, aunque debo reconocer que tampoco soy alguien que escriba por escribir, mi intención no es aburrir a nadie y menos por el único afán de cumplir con las exigencias. No hay peor error que dar una reflexión intrascendente para cubrir el hueco cuando se trata de hacer pensar; de que la gente, o por lo menos tú, mires el mundo con otros ojos, o mejor aún, los abras a nuevos prismas, por ello, pese a que voy a volver a ir escribiendo si alguna semana falto a la cita es porque no tengo nada que creo merezca la pena tu atención y por ello he guardado silencio, porque si, aunque parezca lo contrario, todo lo que he escrito he creído sinceramente que podía ser interesante y la prueba viene dada porque, aún si algo no lo ha sido, mis palabras siento han transmitido mi pasión en el momento de escribirlo y eso, el sentimiento, no se puede falsificar, no se puede poner en algo que venga de relleno para meramente cubrir las apariencias.
Pero como reza el refrán: "Obras son amores y no buenas razones" voy a comentaros que, aunque no se vea (de momento) ya estoy haciendo cosas, para seguir con la pequeña singladura que este sitio representa, mi cabeza le dedica más tiempo del que se puede imaginar y tengo varias ideas para este año nuevo cambiar y añadir cosas, para empezar, como anuncié hace ya tiempo, voy a introducir algo de publicidad en el blog, de hecho, mientras escribo esto, AdSense debe estar ya tramitando mi solicitud; por otro lado, he añadido un nuevo miembro a nuestro bosque, un lobo.
Así pues, como digo, a lo peor no se me viera, pero estaba. Deambulando sin mayor rumbo que ver dónde conducían mis pisadas por entre nuestra floresta, vecina y habitante, a la vez ladrillo que da forma a este lugar, este nuestro rincón del pensar.
Ya véis que he cambiado la imagen de fondo así como la de bienvenida. Ahora el bosque tiene unos tonos más claros, más luminosos, como corresponde a una cuna del pensamiento (Por algo se denomina "Ilustración" al periódo de la historia en que la relflexión se puso en primer término, porque dónde hay inteligencia, donde hay ideas, hay luz. Y no hay nada más valioso que la luz.)...
Por otra parte voy a inaugurar una nueva sección dentro del blog, las reseñas de libros. Me he dado cuenta que mucha gente me suele preguntar por mis lecturas y si puedo dar una referencia sobre novelas que tal vez no se conozcan mucho o no se sepa si las críticas (siempre positivas, nunca negativas; al revés que aquel entrenador, Van Gaal) que vienen en el libro son ciertas o mera publicidad; creo este ala, la Biblioteca del Bosque. En breve publicaré la primera de estas evaluaciones con una historia bastante ligera, un libro para el público infantil de una de mis autoras preferidas, Laura Gallego García. Así que nada, como se puede ver, no he dejado de dirigir mis pensamientos hacia nuestro querido blog, sólo que no he podido hacer realidad esos pensamientos.
Y hablando de realidades difíciles, no todo van a ser buenas nuevas, lo siento, mas la vida es así, da una de cal y otra de arena. La mala noticia es que, creo, hemos perdido a nuestra recién llegada estrella entre la espesura. Creedme que para nadie es más triste que para mi, tenía ilusión en que Crashed Star aportara lo mucho que guarda en su interior, que nos otorgara su particular visión del mundo y concediera variedad con su prisma, distinto al mío en varios aspectos. Me temo que ya no será así. Lo siento sinceramente.
Esto me lleva al lobo que he mencionado antes, de momento sólo lo anuncio, ya lo presentaré formalmente en unos días igual que hice con Star.
Y nada más, sólo recordar que este bosque, nuestro bosque, sigue vivo y su Guardian, también. Saludos Perdidos, nos vemos en el bosque.
... y un tiempo para hacer que las cosas sucedan. Hugh Prather

sábado, 10 de diciembre de 2016

Un perdido que encontró la casa del bosque

La amistad duplica las alegrías y divide las angustias por la mitad. Francis Bacon.
Hoy iba a escribir una entrada como hago habitualmente, pero al final no, y ¿Por qué no? Pues porque tengo el inmenso placer de anunciar la llegada al blog de una nueva colaboradora.
Una estrella caída, como se define, pero del cielo.
En principio vendrá para iluminar mis textos, a veces difíciles de seguir o demasiado intrincados, pero espero poder convencerla para que escriba también sus propias entradas y comparta sus enigmáticos pensamientos con el resto de los que habitamos este bosque pues, ¿No es el fondo ese, el sentido de este, nuestro rincón? (Si, pulir cosas como esta es lo primero que hará, tranquilos, no sufriréis más con mis frases rebuscadillas, je, je).
Sin más demos la bienvenida a nuestra colaboradora, ¡Demos la bienvenida a Crashed Star!
Y ahora si quiere dejar unas palabras, le cedo el sitio.

Debo corregir a mi anfitrión ... soy una estrella estrellada. Puliré cosas de este Guardián que ha encontrado una casa en el bosque de personas perdidas. No sé que más decir, a parte de que yo no hago nada más que añadir un punto por aquí y una coma por allá para que todo sea algo más sencillo. Un placer conoceros moradores del Bosque.

viernes, 2 de diciembre de 2016

Interstellar (Parte 2)




La primera emoción de la mente humana es: La Curiosidad. Edmund Burke

 La segunda parte del tema que empezó aquí, tiene que ver con la intrínseca curiosidad humana.
Hay una parte en la película (y tranquilo querido lector, que a diferencia de la entrada sobre la Civil War, en este caso el spoiler es irrelevante sobre la conclusión de la trama, como mucho ayuda a entender una motivación del protagonista masculino), una en la que la profesora de su hija regaña a esta, y después a su padre, por no tener un libro que esté adaptado a la enseñanza que se quiere impartir. Esto en sí mismo ya daría para otra entrada, “lo que se quiere enseñar”, no la realidad, no la verdad, no. Como en un Ministerio, mucho más siniestro que el del tiempo, la verdad no es sino lo que se quiere contar a los indefensos alumnos que no sabrán más que eso que les cuentan y, sin nadie para contradecirlo, ¿Cómo, por qué siquiera, dudar de los profesores? Como en aquella distopía de Orwell, (aunque no hay que olvidar sino denunciar que esto ya se hace en algunos países) los Poderes Fácticos, organismos sin rostro ni alma, pero con nombre y conciencia de sí mismos, como esos Mercados que la gente sólo redescubre al inicio de las crisis financieras para olvidarlos igual de rápido al final de las mismas; ahora dictaban esa línea de pensamiento y no cabía más posibilidad que agachar la cabeza o ser excluido. La supuesta profesora exponía, muy ufana, como si fuera portadora de un argumento irrebatible, que era indecoroso contarles a los niños el proceso de llegada a la Luna, con su consiguiente presupuesto, y perdón por el chiste fácil, astronómico, mientras la gente se moría de hambre.
¡La Luna! Que no llega ni a ser nuestro metafórico patio trasero de casa, más bien algo así como niños que llegan con sus pequeñas piernecitas, nuestros cohetes Saturno 5, al dormitorio de sus padres para conjurar sus sueños. Vaya sorpresa debió de ser para algunos ver que, tras la atmósfera no nos esperaba Dios con su cohorte de ángeles; en vez de Pedro con las llaves nos encontramos con una frontera, sí, pero una que no estaba diseñada con barrotes de oro bellamente decorados, sino con distancias a las que no podíamos siquiera aspirar a cubrir. No obstante, eso fue el primer paso, no porque a partir de ahí pensáramos en llegar a Marte, no. Si no porque nos abrió los ojos a un nuevo sitio por descubrir, uno que llegaba más lejos que nuestros mares, el espacio. Y al igual que esas aguas, ese corazón de del Continente Negro en el que nacieron los primeros ancestros, el ser humano necesitaba destapar los secretos, cartografiar cada recodo, de ese nuevo lugar. Es así, va en la naturaleza humana el afán descubridor, somos exploradores y ansiamos contemplar cosas nuevas, encontrar maravillas ocultas.
Pero esta profesora no pensaba lo mismo, ¡no la habían hecho concebir lo mismo! El dinero y el control social estaban por delante de cualquier consideración incluidos los mismos instintos del Hombre. Así, esa pequeña alumna, aún portando la razón, fue amonestada delante de sus compañeros y progenitor sólo por saber la verdad y negarse a aceptar la falacia que iba contra la razón misma de la raza humana.
Claro que era cierto el sufrimiento, en el momento de cumplirse el programa Apolo mucha gente se moría de hambre en el mundo, pero, a diferencia de la situación que plantea la película, la mayoría de esa gente sufridora no vivía en el país donde se ideó dicha empresa y, por tanto, no importaba su opinión o sus penurias. Daba igual. Ese es el pensamiento de los, como he llamado, “Poderes”, y como habitualmente, están equivocados, pues no piensan más que unidireccionalmente, en mantener su poder o, aún mejor, aumentarlo. No son capaces de entender que las misiones Apolo eran el reflejo de una necesidad humana y que, aunque la misma humanidad perezca por alguno de sus múltiples y variados fallos, contra su forma de ser no se puede ir, no se puede luchar porque es una batalla (gracias a Dios) perdida de antemano, la naturaleza colectiva, los pilares de qué está hecha esta raza son unos y si hay que tratar de limarlos es, en todo caso, es de esos vicios. No de una virtud que es de las mejores que poseemos, como la pasión en nuestras acciones o la sensibilidad artística.
Así pues, Interstellar enseña que la humanidad, es capaz de lo peor (la primera parte de esta entrada doble) y de lo mejor, y en esa dualidad ha caminado y caminará siempre, tratar de cambiar eso es tratar de arrancarse la piel para ponernos otra que nos guste más, un suicidio.
Al final, esa virtud, nos salva y no diré de qué manera porque entonces sí que haría spoiler a quién no haya visto la película, pero qué bonito ver, aunque sea en una historia fantástica, como nuestras virtudes, nuestro Lado Luminoso es capaz de salvarnos no de nosotros mismos, sino de nuestros defectos pues si creemos en nosotros mismos, si no nos empeñamos en aumentar nuestros defectos, somos capaces de cualquier cosa, de los mejores sueños. Sólo hay que tener Fe, pero una fe mucho más tangible que la dirigida a las alturas. Fe en nosotros mismos.

El sabio no se sienta para lamentarse, sino que se pone alegremente a su tarea de reparar el daño hecho. William Shakespeare

jueves, 24 de noviembre de 2016

Interstellar (parte 1)

Hay quién cruza el bosque y sólo ve leña para el fuego. León Tolstoi
Después de una discusión con un alguien a cuenta de la película cuyo título da, a su vez, nombre a esta entrada he querido pararme sobre las enseñanzas de la naturaleza humana que entraña este film.
La primera de ellas es el egoísmo con el que estamos tratando este planeta, nuestro hogar, nuestra cuna que nos vió nacer y crecer (y, esperemos, no morir también).
Es obvio que la mera existencia de cualquier especie deja una huella en el planeta, sin embargo, lo que caracteriza y también asusta de la provocada por la mano humana es su globalidad. Ninguna otra raza o especie animal ha sido capaz de provocar cambios que afecten al Medio Ambiente a escala planetaria, de provocar con su acción debacles y catástrofes naturales, más también artificiales (¿Alguien ha dicho Chernobil? ¿No? Entonces debió ser Fukushima…), de toda magnitud. Nuestro paso por este mundo a partir de la Revolución Industrial ha cambiado el clima de regiones enteras y alterado de forma significativa el del resto, eso sin comentar el culmen de nuestra egolatría cuando, de forma totalmente deliberada, consideramos que una zona ha de ser rehecha al gusto de los hombres, bien por motivos funcionales (economía…), bien por motivos estéticos. ¿Cómo podemos alterar el paisaje natural sólo porque no encaja en nuestro gusto? Y luego está cuando lo hacemos sin causa aparente como cuando construimos por debajo del nivel del mar.
Yo me pregunto ¿Por qué hacemos esto? ¿Es para confirmar a nuestro desmedido ego que somos superiores a la Madre Naturaleza, tal vez? ¿Es para dejar constancia del poderío humano? ¿Es para que quede constancia de nuestra supina estupidez? ¿Es para… qué?
Es decir, a menudo vemos y tratamos como algo normal que el interés humano vaya en contra de lo que es y hace o sucede en la Tierra y, lejos de amoldarnos a estos caprichos del planeta en que vivimos (Ese en el que evolucionamos hasta la especie que somos hoy en día, no sé cómo, quizá, y sólo quizá porque no nos vendría tan mal, pero sólo quizá ¿eh?), elegimos voluntariamente enfrentar nuestra voluntad a la suya y modificar aquello que creamos oportuno. Esto de por sí es gravísimo, pero si por lo menos tuviéramos en cuenta las consecuencias… ¡Mas no! Lo hacemos sin siquiera hacer una predicción de qué será lo que suceda por haber cambiado el normal desarrollo natural. ¡Y luego nos quejamos de las consecuencias! Qué digo, le echaremos la culpa a un planeta inhóspito que trata de acabar con sus criaturas (¡Toma ya!) ¿Pero eso qué más da? Lo importante, lo grave, no es nuestras quejas sino quienes pagan la factura, porque, oh, si, enfrentarse a la Naturaleza es saber que habrá que pagar consecuencias de antemano. A menudo, por no decir siempre, esas las pagarán justo quienes no las provocaron, ni siquiera sacaron rédito de aquello que las generó. Estos justos que pagan, no “con”, sino “por” los pecadores suelen ser personas, y siempre, siempre, animales.
De verdad que me saca de quicio ver como arde un bosque o se contamina un río, se corrompe el mar con petróleo… y los primeros que huyen o mueren con una expresión asustada en el rostro son aquellos que ni siquiera sospechaban de nuestra inmensa (debe ser divina porque no se entiende como es tan grande) irracionalidad.
¿Cómo podemos, por unos intereses casi siempre económicos, destruir el mundo, la biosfera que necesitamos para vivir? Un elemento vital para nuestra propia pervivencia sacrificado a cambio de fútil metal del que no podemos ni alimentarnos ni sacar ningún beneficio. ¡Maldita sea! ¿Es que no lo entendemos? ¿Es que no comprendemos que no vale de nada, que su única propiedad es que brilla, lo cual lo hace, al parecer de algunos, bonito? Y aún así, aunque no entendamos esto, aunque seamos idiotas en grado sumo ¿No entendemos que tenemos una responsabilidad para con las demás especies? ¿Qué no vivimos solos en esta roca y que si la alteramos también estamos alterando el hogar de muchos más, además de nosotros mismos? ¿Dónde queda nuestra tan cacareada filosofía, nuestra ética, nuestra supuesta superioridad? ¿Qué somos si no hacemos nada por nadie, si nuestra mayor preocupación es devorar este mundo y después el siguiente? Consumir cada fracción de lo que nos es útil (y no tan útil) y después… marcharnos.
Si, como si no valiera la pena nada de lo que nos rodea, como si sólo estuviéramos aquí para consumir y marcharnos, arrasamos con lo que nos rodea. Un restaurante de comida rápida de tamaño cósmico, aunque ahora mismo sólo podamos con el trocito que pisamos y dentro de poco el que tenemos al lado. Somos devoradores de mundos. Una especie sedienta. El gran aniquilador... ¿Somos? ¿Realmente es esa nuestra verdadera naturaleza? Yo diría que no, más bien diría que nos hemos dejado llevar por nuestros más bajos impulsos y, en una ceguera absoluta, no estamos viendo lo que estamos haciendo. Igual que eso que está tan de moda ahora, los zombies, igual que ellos, estamos desgarrando las entrañas de nuestra Madre Tierra sin saber bien lo que estamos haciendo, sin darnos cuenta en el monstruo en que nos hemos convertido. Y lo peor de lo peor es que no sólo nosotros estamos ya pagando el precio. Me pregunto qué pensarán los animales de nosotros cuando nos miran, qué veríamos nosotros mismo si fuese al revés ¿Diríamos que tienen alguna clase de enfermedad? ¿La rabia?
Quizá tuviéramos razón, quizá sí que sea una enfermedad, no física sino psíquica ¿Quién dice que el egoísmo, que la incapacidad para empatizar, para simplemente darse cuenta de la existencia más allá del “yo”, no sea una enfermedad? Diría que lo es, y mortal, la más mortal de todas, porque no te destruye ella sino lo que viene con ella.
Si el día de mañana, si como en la película que me ha hecho hacer esta reflexión, no tenemos ni para comer, si el planeta ha dicho “Hasta aquí he llegado, me habéis matado” ¿Entonces qué? ¿Qué diremos a nuestros hijos, a los animales que comparten nuestro hogar? ¿”Lo siento, es que quería nadar en ese metal porque mira como brilla”? O tal vez ¿No es que el planeta este era de segunda categoría y no estaba hecho para una raza superior como nosotros?... Una raza superior como nosotros… Tiene gracia, nunca he visto a una especie inferior obtener placer en la muerte de otro ser vivo, sea cual fuese; recrearse en cómo se escapa la vida del cuerpo moribundo y conseguir admiradores por ello. No, yo nunca he visto a una especie inferior tratar con egoísmo el planeta, arrasar con lo que quisieran porque, simplemente, podían.
Dime tú, lector, tú que eres superior, ¿Realmente te sientes así? ¿Realmente crees que mereces todo por sencillamente haber nacido? ¿Realmente crees que tu existencia es preponderante a la de cualquier otra especie?

Confesare que cuando un animal me mira y no lo hace con miedo, sino con esa especie de fe, esa especie de creencia en que puedes hacerlo todo, como si estuviese ante una suerte de dios mortal, es cuando yo menos poderoso me siento, es cuando me siento más frágil porque sé que esa confianza es infundada, porque sé que tarde o temprano se dará cuenta de su error y su decepción SI que es la mayor desolación que conozco. Y en cada ocasión habría vendido mi alma sólo por poder estar a la altura de sus expectativas.
Dios perdona siempre, el Hombre a veces, pero la Naturaleza no perdona nunca. Dicho popular.

jueves, 10 de noviembre de 2016

Advertencia sobre publicidad

Esto no es una entrada, sólo es un aviso para los que leen este punto de encuentro.
Siguiendo un consejo, he decidido sacarle algo de dinero a este espacio, pero que nadie se alarme: Voy a mirar, obviamente, por el propio blog, en vez de cegarme por la codicia, y moderaré la publicidad que salga dado que mi objetivo es más rascar algo que recaudar o amontonar.
Nada más, sólo avisar de que pienso sacarle un pequeño dinero mientras no perjudique ni a este rinconcito, ni su dueño, y mucho menos al lector.
La manera en que lo haré la desconozco todavía, pues como digo, no quiero que esto cambie ni el aspecto ni la dinámica del blog. Si es por medio de enlaces, estos trataré de que sean pequeños y apartados; si es por entradas, se reconocerán por no llevar el diseño habitual de foto con frase célebre antes y despúes de la propio texto; etc... Lo importante es que cuando sepa la manera, la colgaré informando de la misma y su impacto en el blog.
Nada más.

Guardián.
P.D.: Creo que hasta ahora no le he hecho y merece la pena por la importancia que tiene. Muchas gracias a todos aquellos que os pasáis por aquí y léis este rincón del pensar, que compartís estas reflexiones y hasta las hacéis vuestras. En definitiva, que formáis una pequeña familia ¡Gracias!
Pase lo que pase, este seguirá siendo nuestro bosque.
Podrán quitarnos la vida, pero jamás nos quitarán la liber, digo, ¡Nuestra forma de pensar!